TEJEDOR DE SUEÑOS
Fue tan corto el tiempo, que solo pude
aprender, con la niebla que envuelve
tu vida, que tal vez eres la verdad,
que la razón bosteza cuando amas
y se duerme el canto de tu pulso.
Será que al mirar nos mienten los ojos
y que mis labios al besar tu frente
confunden tu sabor con el del ángel,
el tenue, el vacío, el tejedor de sueños.
Cuantas constelaciones van rodando
en espera de tu verbo, titubeando
ser río o mar, abedul o naranjo.
Cómo saber qué nos unió y separó,
por qué la pena del desahuciado
se pierde en el insistente instante,
cómo se nos desvanece el tiempo
disuelto en ajenos cuerpos perdidos.
Caballos negros durante el día,
caballos blancos durante la noche.
Siempre a contraluz de los espacios,
merodeando lunas por el aljibe.
La ventisca de tus tristes angustias
y el adagio de Mahler, si no vuelves.
José Garés Crespo