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          ANDALUZA

En la vorágine de su vestido moteado, aéreo,
ella se endereza con soberbia, y orgullo mediteráneo,
arqueando sus brazos como banderillas invisibles,
erguidos con dedos de sangre púrpura, súplicas imprevisibles.

Sus tacones azotan el suelo, con cuerda demencia:
gala erótica para embriagar al semental desdeñado,
lo seduce con su mirada altiva, para mejor despecharlo,
desposarlo un instante para luego voltearse, con sus labios respingones.

Bajo el azabache de un moño, con una mueca de deseo y de dolor,
su gesto se tuerce de desesperación e invoca la desgracia.
Su cuerpo despellejado se pone rígido, se estira y contorsiona,
con la soltura del gato, la nobleza de la leona,

la tigresa enfurecida, bestia poseida, embravecida,
cautiva a los pretendientes desamparados, enfebrecidos pero azorados.
Una gran mantilla negra de luto tornea en sus hombros desnudos
envolviendo su carne trémula, sus gestos lascivos, pero luego contenidos.

Esboza una estocada, se desvela en un trágico lance,
tuerce sus muñecas y se desplega con gracia tauromaquia.
Embrujo sulfuroso, fiesta de sangre, culto pagano,
el deseo palpita, la razón se extravía y regresa la Muerte.

Su mirada azabache es asesina, su párvula boca es celosa.
Criatura gitana, mora, india o andaluza,
diosa bajo su peineta o sus flores de azahar, insolente,
sus tacones restallan, histérica e indolente.

Se disimula tras un abanico imaginario,
endereza la cabeza y yergue sus brazos hacia el sol que venera,
luego hacia el macho que espera, en el calor granadino,
aquel hidalgo escuálido pero bravo como un toro.

Palmas que baten, guitarras que azotan la sangre,
excitan los sentidos de los amantes desgarrados, en un juego amenazante.
Ella se abandona, luego resiste; se miran con recelo y temor,
Se ignoran con desdén, mas se cruzan las miradas.

Bailan sobre brasas, aman en el polvo.
La pasión sera quemada viva, como si fuera bruja!
De estos juegos amorosos pero estériles, sólo saldrá ilesa la desesperanza.
Ella tortura a su amante para que le arranque el corazón.

Philippe Latger


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Extracto de Le Damier éditions France-Europe. Traducción de Jean-Olivier Saiz (febrero 2001)