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    CONFIDENCIAS

Un secreto vida mía;
pero quiero que no llores
si te digo que la adoro con el alma,
si te digo que del todo no soy tuyo,
si te digo que me ama
una sombra peregrina de mujer irrealizable
que mi espíritu ha creado porque nunca pudo hallarla
en la vasta muchedumbre de adorables criaturas
por los ámbitos del mundo derramadas.
Tú no sabes
que en mis días de mortales desalientos pavorosos
y en las horas tan vacías de mis noches solitarias,
cuando el mundo me abandona,
cuando duermen los que aman,
cuando sólo tengo enfrente los asaltos del hastío,
cuando el alma,
cuando el alma combate afligida
con el ansia de todas las ansias,
con el peso de todas las dudas,
con las sales de todas las lágrimas,
con el fuego de todas las fiebres,
con el hipo de todas las náuseas,
la impalpable vaga sombra femenina misteriosa
como nuncio de consuelos que los cielos me enviaran,
viene a verme con las alas extendidas,
viene a verme cual paloma enamorada,
y disipa en mi cerebro la pesada calentura
con el roce de las puntas de sus alas...,
¡con el roce de las puntas
de sus alas nacaradas!

¡Oh qué sueños!
Yo soñaba
que esa sombra nebulosa de mujer irrealizable
que mi espíritu refresca con el toque de sus alas;
¡de unas alas como aquellas que perdimos
las criaturas humanas!,
en un cuerpo como el tuyo, con hechuras milagrosas
encarnara.
¡Sueños locos!
Dios no quiere que en la vida cristalicen
esas sombras de los mundos de la nada:
Dios no quiere que la aroma de la idea,
condensada por anhelos de quien ama,
caiga dentro de ese vaso peregrino
de viviente forma humana.

Dios no quiere,
Dios no quiere que yo sea todo tuyo,
porque quiso que te viera y que te amara,
y no quiso darte algo
que necesita mi alma
para que entera en la tuya
pudiera yo derramarla

Pero yo te quiero mucho,
de otro modo que a esa aérea femenina sombra vaga
que disipa en mi cerebro las ardientes calenturas
con el toque misterioso de sus alas.
Para ti son los impulsos
más robustos de mi cuerpo y de mi alma,
las miradas de mis ojos,
que en los tuyos derretidas se derraman,
las caricias de mis manos que te buscan
y el aliento de mi boca que te abrasa,
y en los besos de mis labios,
y el ardiente palpitar de mis entrañas.
Para ti mi compañía
por la senda de la vida solitaria,
el apoyo y la defensa de mi brazo vigoroso,
los alientos de mi pecho, recipiente de tus lágrimas,
y el cariño serio y hondo del esposo enamorado
que en sus hijos te idolatra...,
¡en sus hijos cuyas vidas son estrofas del poema
que el esposo enamorado, rendidísimo, te canta!

Para ella...
los delirios de la mente soñadora,
los sentires melancólicos del alma,
los pensares exquisitos y sutiles,
las poéticas nostalgias...,
los estériles poemas de la lira,
¡de la pobre lira bárbara!,
los hastíos taciturnos
y las hambres de ideales que me arañan
¡unas hambres de ideales
que me arañan en el alma!
Sí; las flores y los frutos y las savias de mi vida
para ti, que eres humana:
los aromas, para ella,
que es fantástica figura de los mundos de la nada.
¡Oh mujer, el Hombre es tuyo!
¡Tuyo el Poeta, oh fantasma!

autógrafo

José María Gabriel y Galán


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