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    EL RAMO

                        I

Y ¿qué quieres, Sebastián?
—Pues unos cantares, amo.
—¿Para Luciana serán?
—Son para cantarle el ramo
de la noche de San Juan.

—Bueno; pues di a Luciana
que atienda y se ponga ufana
si en la canción se conoce,
y aquella noche, a las doce,
le cantas a la ventana:

«Te traigo un ramo de flores
del huerto de mis amores
para adornarte la reja;
del huerto de mis mayores
te traigo mieles de abeja;

y amor y trabajo, unidos,
cantando regalarán

tus oídos
en la noche de San Juan».

«¡Si tú supieras, Luciana,
qué triste he pasado el día!...
Fue tan larga la mañana,
tan larga la tarde vana,
que yo a las dos les decía:

—Si no acabáis de esconderos,
¿cuándo su luz me darán
los luceros
de la noche de San Juan?

«Me dice nuestro querer
que aquel gozar de mañana
más hondo que éste ha de ser...
Perdone el Amor, Luciana,
que no lo puedo creer.

¿Quién midió la dicha honda
que inspira al pobre galán
esta ronda
de la noche de San Juan?»

«Casta, cual noche de estío
cual la hormiga, vividora;
pura, cual puro rocío;
risueña como la aurora...»
¡Así ha de ser, hijo mío!...

Y se oían concertadas
—olas que vienen y van—
las tonadas
de la noche de San Juan.

«Antes que amores sintiera
cantaba yo el esquileo,
cantaba la barbechera,
la plácida sementera
y el codicioso acarreo.
Y nunca aprendí estos sones,
porque no eran los del pan
las canciones
de la noche de San Juan».

«Tranquilo te vi crecer;
mas no sé con qué ilusión
te pude más tarde ver,
que díjome el corazón:

¡Es la soñada mujer!
Y a un lado viejos pensares,
dime a aprender con afán
los cantares
de la noche de San Juan».

«Te dije triste y sincero:
—¡Soy un pobre jornalero,
pero te tengo un querer!...
—También soy pobre y te quiero
—me hubiste de responder—;
y aquel año de alegrías
ya cantó el pobre gañán
melodías
de la noche de San Juan».

«Si te pudiera pintar
unas ansias de querer
en que ahora me siento ahogar
y unas ganas de llorar
que tengo al amanecer...
¡Ay!, a encenderlas volvieras
cuando apagándose van
las hogueras
de la noche de San Juan».

«Mas oye: vengan los días
de nuevas felicidades
y de nuevas alegrías.
Si amor promete ambrosía,
juremos fidelidades,

que cuantos años vivamos
las hojas revivirán
de estos ramos
de la noche de San Juan».

                        II

—Pero ¿lloras, Sebastián?
—Yo no sé qué es esto, amo...
—Pues lágrimas que se van...

¡Sé muy bien lo que es el ramo
de la noche de San Juan!...

autógrafo

José María Gabriel y Galán


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