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    LA CABRA CABREADA

La cabra cabreada
está muy delgaducha,
ni come, ni bebe, ni se ducha.

Tiene más hambre
que los pavos de Andrés,
que se comían a picotazos
la vía del tren.

La cabra cabreada,
cada vez más delgada.
La debilidad enloquece,
la cabra está como una cabra,
ni engorda, ni crece.

La dueña de la cabra
le dice a su esposo:
—La cabra tiene
un aspecto horroroso,
debemos comprarle
desperdicios de verdura.
—De eso nada, criatura,
que coma papel y lo que encuentre,
como siempre.

Los dueños de la cabra
tenían un bonsái
en la ventana, un bonsái
¡de un millón de pesetas!
La ventana del corral estaba abierta
—¡Espejismo! —fue la palabra de la cabra.

La cabra trepó.
La cabra merendó.
Y los gritos del dueño
se oyeron en Japón.
—¡Ay, ay, ay!
¡La cabra se comió mi bonsái!

autógrafo

Gloria Fuertes


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