DUNA
Sobre la extensa duna
de la luz antiquísima
me encuentro despistado
sin cielo ni camino.
El Norte moribundo
apagó sus estrellas.
Los cielos naufragados
se ondulaban sin prisa.
Port el mar de la luz
¿dónde voy? ¿A quién busco?
Aquí gime el reflejo
de las lunas veladas.
¡Ay, mi fresco pedazo
de madera compacta,
vuélveme a mi balcón
y a mis pájaros vivos!
El jardín seguirá
moviendo sus arriates
sobre la ruda espalda
del silencio encallado.

Federico García Lorca