PROFECÍA
Era la vida. Su rumor llegaba
desde la espuma hasta mi sed, un río
que levantó su pecho para hablarme.
Yo estaba en su ribera bajo el llanto
de unos árboles tristes, mientras iban
lentamente las aguas a un destino
de mar o sueño. Estaba solo y triste
cuando el agua se alzó, y avizorando
una lejana realidad, su espejo
copió del porvenir ecos e imágenes.
Una esperanza llena de colores
salvé de la corriente soñadora.
Manuel Altolaguirre